Desde Medina Siyasa se ven con nitidez los tejados de Cieza y Abarán, la silueta de la sierra del Oro o del Lloro, los restos de muralla de Segisa -topónimo con el que los romanos identificaron Cieza- y el Segura que se demora entre los huertos y cabezos de gleda que separan Cieza de Abarán, uno de los paisajes más representativos de una comunidad en proceso de desertificación: el río, aún caudaloso, baña el breve bosque de ribera que se forma junto a El Menjú, frondoso paraje poblado de pinos, juncos, zarzamoras, palmeras y eucaliptus de grandes dimensiones: hace unos años, al Menjú, propiedad de la familia Payá, se accedía a través de una rudimentaria barca formada con bidones, alambres y tableros.

Tras la maleza, en la margen izquierda, hay pequeños bancales de hortalizas, agrios y frutales; es al otro lado de la carretera donde surge, espectral, un escenario de tierras margas, cabezos secos y pelados que parecen de cartón piedra, y en cuyas hendiduras florece, por milagro, alguna palera.
En época andalusí, Siyasa era la llave norte del valle de Ricote y un referente del tipo de arquitectura residencial propio de las ciudades andalusies de finales del siglo XII y comienzos del XIII. Responden al modelo denominado de «casa con patio interior», y las viviendas, aun estando en la misma manzana, tienen superficies muy diversas, desde 234 hasta 29 metros cuadrados construidos, lo cual refleja un poder social y económico muy diferenciado.
Fuente:
laverdad.es