Grandes tesoros de la arquitectura gótica o románica de Francia y modernas obras de arquitectos contemporáneos se exponen desde hace unas semanas en La Cité de l’Architecture et du Patrimoine, en París. Un auténtico espectáculo visual que, como ha declarado a Metro Marie-Paule Arnauld, directora del museo, “ha tardado mucho en renacer. No ha sido sencillo hacer cohabitar el patrimonio y la arquitectura contemporánea”. El resultado, único en su especie, está ubicado en el Palacio de Chaillot, sobre la colina que lleva su nombre y desde el que se divisa la Torre Eiffel. El primer étage, expone 350 moldes a tamaño real que reproducen el patrimonio monumental de Francia, desde el siglo XII al XXI. Pórticos románicos de Languedoc y la Provenza, o las vidrieras de la catedral de Chartres son algunos ejemplos de lo que se puede admirar en los 23.000 m2 cuadrados de este recinto, en el que, además, un acertado complejo multimedia permite al visitante comprender la evolución de la ciudad y la ubicación real de la obra.

Galería Davioud En el centro, pilar de los ángeles de la catedral de Estrasburgo (siglo XIII).
Trabajos del comienzo de la era industrial y hasta diseños de nuestros días se sitúan en la otra área del museo. Para su directora, “el hecho de haber añadido una nueva galería con las obras contemporáneas hasta 2001 cambia totalmente la filosofía del lugar. El visitante puede comprender la evolución en las obras arquitectónicas gracias al recorrido de esas galerías siglo tras siglo”. Aquí, los protagonistas son arquitectos de renombre y estudios de prestigio que han contribuido a modificar y enriquecer el panorama urbano galo.
En resumen, 13 años de proyectos y 80 millones de euros para un museo que espera recibir medio millón de visitantes al año y albergar la biblioteca de arquitectura más grande de Europa.
El personaje
La Cité rinde un especial homenaje al arquitecto Charles Édouard Jeanneret-Gris, más conocido por Le Corbusier. El espectador puede pasear por uno de sus apartamentos de la Unidad Habitacional de Marsella, o contemplar una reproducción a escala de la casa de 1932 (Une maison, un arbre) que nunca llegaría a construir el artista francosuizo en la Ciudad Condal.
Fuente: diariometro.es