Componer desde la naturaleza remota
Un hotel en el sur de Chile dialoga con el entorno y alude a las tradiciones locales con cubiertas de pasto, y formas y materiales que remiten a las mangas utilizadas para el traslado de ovejas
El Hotel Remota, en Puerto Natales, Chile, es definido como una obra de arquitectura que, aunque fuertemente plantada en el terreno, ha encontrado la manera de establecer lazos con la historia y la naturaleza del lugar.


Los pasillos internos que conducen a las habitaciones recrean los corredores zigzagueantes que deben recorrer las ovejas en el proceso de esqui en las estancias locales

El autor del proyecto, Germán del Sol

Las fachadas, materializadas con madera y líneas que conforman ángulos desiguales, refieren a las mangas de las estancias

Componer desde la naturaleza remota

Situado frente a una entrada del mar en un paisaje de interminables campos de pastos dorados o verdes, según las estaciones del año, este hotel emerge del suelo con tres volúmenes que delimitan un espacio central a manera de plaza recortada, de aproximadamente media hectárea. No se diseñaron espacios exteriores, sólo se incluye el paisaje existente en la composición edilicia, o quizá sea más adecuado decir que se incluye la composición edilicia en el paisaje natural.
Los únicos elementos que interrumpen el espacio de la plaza son unas rocas colocadas al azar cuyo origen geológico e historia están directamente relacionados con el paisaje patagónico.
Al ser arrastradas en su recorrido por grandes glaciares, estas piedras, denominadas erráticas, recorren grandes distancias; las incorporadas al sitio fueron encontradas en áreas cercanas y trasladadas por Germán del Sol, autor del proyecto, y el equipo de obra. De esta manera, queda establecida una referencia directa a las tierras del fin del mundo donde se implanta el proyecto.
Del Sol, premio nacional de Arquitectura de Chile 2006, define Remota: “No hay ruptura entre paisaje y arquitectura, los edificios surgen de la tierra como si ésta hubiera explotado”.
Desde el punto más alto del terreno los volúmenes se perciben intentando anclarse en el paisaje, idea que se refuerza con la utilización de cubiertas verdes. Construidas con una base de tierra y pasto local, las superficies superiores de los edificios parecen despegarse del paisaje de estepa que rodea el conjunto.
Al fin del mundo
Tanto las tiras enfrentadas que albergan las habitaciones como el volumen de áreas comunes se materializan con fachadas de madera oscura.
Las líneas que definen sus aventanamientos se desarrollan con ángulos que no siempre conforman 90 grados, haciendo una alusión directa a las cercas que delimitan las estancias locales, históricamente dedicadas a la cría de ganado ovino.
Esta referencia visual se da también a través de las conexiones peatonales entre los edificios enfrentados, que atravesando el espacio abierto central remiten a los recorridos de las ovejas en el proceso de esquila.
En los interiores de los edificios, los pasillos que conducen a las habitaciones toman esta misma configuración y crean ángulos inesperados, aunque sutiles, que se diferencian de los típicos pasillos alargados de hotel. La recreación de diversos elementos de la cultura local define así un fuerte vínculo con la memoria del sitio.
No hay aeropuertos en Puerto Natales, por eso para llegar hasta el sitio hay que volar a Punta Arenas, ciudad situada aun más al Sur. Uno llega bien temprano de madrugada (en uno de los dos únicos vuelos programados), pero aún parece noche cerrada y, al llegar a Remota, un par de horas después, la primera imagen que impacta desde lejos es una serie de paños iluminados que parecen emerger, en forma vertical, desde la tierra.
El lugar se percibe remoto; su paisaje, su belleza.
Fuente: lanacion.com.ar