TOPOGRAFÍA
La Bienal de Venecia ocupa dos amplios territorios situados en el barrio de Castello: el antiguo Arsenal de la ciudad y los pabellones de los jardines. En el Arsenal y en el pabellón Italia se exhiben las obras internacionales seleccionadas por uno o varios comisarios. Y en los jardines los países que tienen pabellón --el primero en construirse fue Bélgica en 1907-- presentan a sus artistas.

Instalación de Antoni Muntadas, en el pabellón de España, en el 2005.

La obra Rin-zen de Antoni Tàpies, en el pabellón de España.
LOS PAÍSES
Tienen, por ejemplo, pabellón Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, España, Japón, Grecia, Egipto, Israel y países nórdicos. Como con los años la topografía original se reveló insuficiente, países sin pabellón, fundaciones y coleccionistas se instalan en otros puntos de la ciudad creando un interesante festival al que se conoce como eventi collaterali. En la última bienal, por ejemplo, ha habido colas para ver a Bill Viola en la iglesia de San Gallo.
LOS ARTISTAS
Como en otros eventos internacionales, la cuestión de la nacionalidad es irrelevante. En el pabellón de España, por ejemplo, han expuesto los catalanes Antoni Tàpies (que ganó el León de Oro) , Antoni Muntadas, Susana Solano y, el último, José Luis Guerín. En otras ediciones se han presentado obras de Ángel Ferrant (1960); Perejaume y Hernández Pijoan (2005). La catalana Alicia Framis expuso en el pabellón de Holanda (2003), sin que a estas alturas resulte extraño el trasvase de artistas y países. En cuanto a las bienales de arquitectura, en la de 2004 Barcelona fue la ciudad con más proyectos seleccionados y se premió la plaza del Fòrum.
LOS PALACIOS
El ayuntamiento de Venecia está encantado de alquilar viejos palacios que sin uso se van desmoronando. Este año hubo que lamentar la desgraciada muerte del comisario mexicano que se cayó de una ventana del Palazzo Soranzo van Axel alquilado por México. Ya es tradicional la cita con los artistas latinoamericanos en el Palazio Zenobio, mientras que los palacios Corner, Lolin o Malpiero van cambiando de inquilinos. El Fortuny fue propiedad del hijo diseñador del pintor catalán Marià Fortuny, que lo legó en herencia a la ciudad. Tras una larga desidia, ha sido rehabilitado y este verano se presentó con éxito la exposición Arte tempo.
Fuente: elperiodico.com