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DEIR EL BAHARI LA ESCALERA HACIA EL CIELO PARA EL DIOS DE TEBAS


 



Octubre del 2007

El día 21 de octubre se conmemora el 75 aniversario de la creación del Centro Polaco de Arqueología en El Cairo y el inicio de la intervención del equipo de la Universidad de Varsovia en los templos de Deir El Bahari. Por ello, consideramos oportuno insertar en nuestra sección este artículo de Teresa Bedman sobre el templo de la reina Hatshepsut, texto de su conferencia en el ciclo 'Tebas, los dominios de Amón' que se impartió en el Museo de San Isidro en Madrid entre los días 25 de noviembre al 20 de diciembre de 2001

Deir El Bahari, 'El Convento del Norte', es uno de los lugares más espléndidos de entre todos los monumentos de la antigua Tebas. Allí, en la orilla occidental, en el lugar de las necrópolis y de los templos funerarios reales, se estableció el Castillo de Millones de Años de la reina Maat-Ka-Ra Hatshepsut-Jenumet-Amon, uno de los personajes más atractivos del antiguo Egipto.

Hatshepsut fue la quinta soberana de la dinastía XVIII, y su reinado estuvo cargado de controversias.

Obligada a seguir una tradición que la colocaba en segundo término cuando ella era la primogénita, los sentimientos de la reina debieron ser profundamente atormentados. Reina sin rey, esposa sin esposo, madre preocupada por el futuro de sus dos pequeñas hijas, fue una soberana llena de la grandeza de su tierra.

Hatshepsut se vio obligada a hacerse a sí misma. Para poder llevar a cabo sus planes ella supo rodearse de un equipo de servidores que le fueron fieles hasta la muerte. El personaje más relevante de todos ellos, fue, sin duda, el Mayordomo Real Sen-en-Mut.

La legitimidad de Hatshepsut para ocupar el trono.

La llegada al poder de Hatshepsut estuvo envuelta en una de las cuestiones más habituales y problemáticas, entre las que tradicionalmente habían afectado a la sucesión al trono de las Dos Tierras.

Ella era la hija primogénita del rey Thutmosis I y de la Gran Esposa real Ahmose, descendiente, por tanto, en línea directa de Amen-Hotep I. Cuando Thutmosis I murió sin heredero varón legítimo, su hijo, Thutmosis II, nacido de la esposa secundaria Mut-Nefert, desposó a Hatshepsut para poder obtener por matrimonio lo que no podía alcanzar por nacimiento.

Al fallecimiento de Thutmosis II, se reprodujo el problema por tercera vez en la dinastía. Para suceder al difunto rey solo había dos hijas nacidas de la Gran Esposa Real Hatshepsut, la única con legitimidad para transmitir la corona. Estas eran Neferu-Ra y Merit-Ra Hatshepsut.

Pero Thutmosis II había tenido un hijo varón de una esposa secundaria llamada Isis, que poseía el sorprendente título de "Ornamento Real". Este niño, que no contaba con más de cinco o seis años, fue elegido como sucesor bajo el nombre de Thutmosis III.

Fue en este momento cuando la ancestral tradición egipcia dio un giro para cambiar el curso de la historia.

Según todos los indicios, para que el pequeño príncipe Thutmosis pudiera acceder al trono debería haber desposado a la primogénita de sus hermanastras: la princesa Neferu-Ra. Pero este hecho nunca llegó a producirse.

Durante toda la dinastía XVIII, los hijos de esposas secundarias se casaban con princesas reales y ésto les proporcionaba la legitimidad necesaria para acceder al trono de Egipto. Pero con Hatshepsut este principio iba a cambiar por varios motivos. El primero, porque ella era la Gran Esposa Real, aunque no la madre del futuro rey, por lo que la lógica corregencia entre madre e hijo no se podría dar.

Por otro lado, Hatshepsut probablemente consideraba, al igual que ya lo hicieran su abuela y su madre que, al ser hija legítima de matrimonio real, ella, y sólo ella, poseía derecho a ocupar el trono de Kemet.

Así pues, en el año siete, después de haber ejercido con su hijastro Thutmosis III una tácita corregencia que no parecía ser de su agrado, parece que Hatshepsut ya se había autoproclamado Rey del Alto y Bajo Egipto, postergando al joven Thutmosis a un segundo plano. Ello supuso un vuelco en las aspiraciones del clero de Heliópolis que veía en el joven faraón el vehículo perfecto para tratar de controlar los resortes del poder, hasta ese momento en manos del clero de Amón.

Pero para poder dar este paso, la reina Hatshepsut se supo rodear de influyentes, poderosos y fieles colaboradores que la ayudaron a hacer realidad su sueño: ser rey por sí y ante sí misma.

Contaba con el apoyo del Sumo Sacerdote de Amón, Visir y Jefe de todos los Templos, Hapu-Seneb, el cual tenía entre sus manos al mismo tiempo el control de los poderes político y religioso de Egipto. Al propio tiempo, en la corte, su hombre de confianza era el Gran Confidente de la Esposa del dios; El que era agradable a la Señora de las Dos Tierras, El Gran Mayordomo de la Esposa del Dios, El Regente de la totalidad de las Dos tierras, El Jefe de todas las Obras : Sen-en-Mut, el baluarte de la reina.

Estos fueron los hombres que hicieron posible que la reina Hatshepsut fuera la cabeza visible de Egipto a pesar de la oposición a tales planes de los partidarios del príncipe Thutmosis.

Hapu-Seneb concibió para ella el más bello mito religioso: la teogamia; en su virtud, la reina resultaba ser la hija carnal del mismísimo dios Amón, quien había fecundado a la reina Ahmose asumiendo la apariencia física del difunto Thutmosis I.

Así, el Sumo Sacerdote de Amón elevó por encima de todos los mortales a su venerada soberana, convirtiéndola en un ser de naturaleza divina que había heredado el trono de Egipto por el derecho que la concedía la paternidad carnal del más poderoso de los dioses.

Sen-en-Mut, mientras tanto, desplegó toda su inteligencia e ingenio plasmándolos en suave piedra dorada de rampas ascendentes. Construyó para reina el Dyeser-Dyeseru, el templo de Millones de Años más hermoso que nunca antes se hubiera construido en Egipto. Un sueño de sol, oro, ricas maderas, jardines exóticos… Sin duda, un toque de eternidad…. posiblemente como el amor que, se cree, profesó a su reina.

El reinado de Hatshepsut duró alrededor de veintidós años.
Parece muy probable, a la vista de los restos arqueológicos y de los datos que los mismos nos proporcionan que, una vez desaparecida la reina, pudiera haber comenzado la persecución de su memoria, de manera no demasiado radical al principio pero, total y completa a partir de la época ramésida. Fue entonces cuando la persecución se consumó al ser suprimido su nombre de todas las Listas Reales.

Dyeser-Dyeseru: El esplendor de los esplendores.

Cuando la reina se erigió en soberana única del Alto y del Bajo Egipto, ya había decidido que se construiría su Castillo de Millones de Años en la misma zona donde el rey de la dinastía XI, Montu Hetep Neb-Hepet-Ra se había hecho edificar un magnífico templo funerario.

Se dice que, en el año séptimo de su reinado, el mismo que vio su coronación, se retomó la ejecución de las obras para la construcción del Dyeser-Dyeseru. Parece claro que el proyecto constructivo había sido ya probablemente concebido bajo Thutmosis II, en cuyo reinado, incluso, podrían haber dado comienzo las obras.

Para llevar a cabo la construcción, previamente hubo de ser desmontado otro templo de ladrillo, construido para Amen-Hotep I y la madre de éste, la reina Ahmose.Nefert-Ary, que ocupaba el área del cuadrante sur-este de lo que sería la segunda terraza del nuevo templo.

En todo caso el Dyeser-Dyeseru era un edificio dotado de una originalidad de diseño que, nunca antes, ni después, se volvió a dar en Egipto.

Para estudiar y desarrollar este espléndido proyecto se contó con una pléyade de arquitectos a las órdenes del gran Sen-en-Mut quien probablemente lo concibió personalmente y fue su principal responsable. Pero también trabajaron allí otros altos funcionarios y técnicos tales como Hapu-seneb, Nehesy, Min-Mose, Uadye-Renput, Pa-Hik-Men, Nebu-auy y Amen-em-Hat. Sus nombres quedaron unidos para siempre con esta obra imperecedera.

Sen-en-Mut concibió para su reina y señora un templo que hundiría su parte más santa en el corazón de la montaña, excavando el santuario en la pared rocosa de Deir El Bahari. Para llegar hasta este santuario habría que subir por terrazas sucesivas desde el valle, lentamente, en una progresión que evocaba las distintas etapas de avance espiritual necesarias para acceder por una simbólica colina primordial hasta la cima, donde la reina resurgiría de sí misma como una diosa.

Desde un punto de vista teológico parece claro que se eligió el circo rocoso de Deir El Bahari para instalar el templo por tratarse de un evidente caso de topografía sagrada, puesto que allí se identificaban los cuernos de la cabeza de la vaca sagrada Hat-Hor, señora del Occidente, cuyo cuerpo se extiende, representado en las colinas hacia el sur, hasta llegar al lugar llamado Ta Set Neferu, el actual Valle de las Reinas, donde, se creía, estaba la divina vagina hathórica.

También se estableció como elemento arquitectónico dominante el juego de las líneas horizontales. Tal efecto estaba representado por las terrazas apoyadas contra el circo y por los muros de sujeción enmarcados, a su vez, por los pórticos; todo ello, dividido por las rampas de acceso.

Además, se estableció una simbólica doble unión mística del nuevo edificio religioso. De una parte, con el templo del dios Amón en Karnak, en cuyo eje central se insertaba idealmente la calzada del nuevo templo funerario; de otra, con la propia tumba de la reina en el Valle de los Reyes, la cual había sido excavada justo detrás de la colina donde se hallaba ubicado el santuario del nuevo templo.

Estas vinculaciones místico-simbólicas encajan perfectamente con el significado del templo. Aunque su naturaleza es extremadamente compleja, se pueden distinguir en él dos aspectos esenciales.

El primero de ellos es el de templo funerario, puesto que estaba destinado al culto del ka de la reina divinizada, asociada al culto funerario de Thutmosis I.

La presencia de las escenas del Nacimiento Divino de la reina (la Teogamia) y las de la capilla de Anubis se entremezclan estableciendo un origen divino de Hatshepsut, como hija carnal del propio dios Amón, origen al cual retorna una vez muerta y divinizada de nuevo. Así queda absolutamente claro en Deir El Bahari que lo que se evoca allí es el nacimiento y renacimiento de una divinidad: la reina Hatshepsut Maat-Ka-Ra.

Pero el templo es, además un lugar santo construido para la gloria del dios imperial de Tebas, Amon-Ra en sus diversas manifestaciones. Uno de los aspectos esenciales allí representados es la naturaleza solar del dios tebano al dedicar parte de la construcción al culto del dios Ra Hor-Ajty; otro aspecto es el de Amon-Min procreador y fecundador.

Finalmente, la diosa Hat-Hor que también está allí presente como gran personaje divino que acoge y patrocina todo el conjunto como soberana del Occidente, la tierra de los difuntos.
Da la sensación de que, en un solo templo, se mezclasen varios santuarios, íntimamente entrelazados entre sí, en una expresión de arquitectura simbólica y religiosa, formulación pétrea de un programa mágico, destinado a amparar la divina personalidad de la reina en el Más Allá.

La descripción del templo.

Es sabido que los templos egipcios se comenzaban a construir desde lo que hoy se nos revela como la parte más íntima y sagrada hacia fuera, de tal modo, que nuestras visitas siempre se inician por la parte más exterior. Este era de todos modos el ritmo ritual que la arquitectura egipcia imponía a sus construcciones sagradas.

Es decir, que el diseño preveía que los ritos se desarrollasen desde el pabellón o templo de acogida, junto al valle y el río, a lo largo de una calzada que conducía en un ascenso progresivo a unos jardines, antesala de las terrazas, hasta concluir en el santuario.
Por estas razones nuestra descripción del templo se llevará a cabo de esa manera: desde fuera hacia adentro en una suerte de peregrinación ritual a favor de la divina Maat-Ka-Ra Hatshepsut.


Los excavadores y restauradores de Deir El Bahari.

El templo se fue revelando progresivamente a los exploradores desde finales del siglo XVIII. En 1743 el viajero inglés Pococke realizó una breve descripción del lugar llamado Deir El Bahari que entonces era un convento copto.

En el transcurso de la Expedición napoleónica a Egipto, en 1798, Jollois y Devilliers, miembros de la Comission des Savants en sus exploraciones de la orilla occidental de Tebas, pudieron ver bajo los restos y ruinas del mismo convento copto una avenida de esfinges y una puerta monumental con un techo en forma de bóveda. Champollion, Wilkinson, Rosellini, Lepsius y Düminchen también visitaron las ruinas de dicho monumento.

Mariette lo desescombró efectuando allí excavaciones desde 1858 a 1866. Luego prosiguieron las tareas Edouard Naville desde 1892 a 1897 y Baraize desde 1910 a 1937. Los americanos bajo la dirección de Winlock aportaron brillantes resultados desde 1911 a 1931. Desde 1961 se ocupó de la zona una misión del Centro de Arqueología Mediterránea de la Universidad de Varsovia bajo la dirección de sucesivos encargados de los que, el primero fue Leszek Dabrowski. Actualmente la misión polaca comparte sus trabajos en la reconstrucción con la Organización de Antigüedades de Egipto.

Después de tantos años de trabajo hoy el templo se alza soberbio, casi plenamente en su antiguo esplendor, y todavía se trabaja en la zona del santuario, en su patio peristilo para concluir su restauración y recomposición total.

El templo de Acogida y el Patio inferior.

Es el llamado 'Templo del Valle' que formaba parte de todos los conjuntos funerarios reales existentes en la orilla occidental tebana. Su descubrimiento fue hecho por Howard Carter en 1910. El mismo estaba ubicado en el límite con el terreno cultivado y constaba de un desembarcadero y un edificio que comprendía dos terrazas, anticipo de la arquitectura del templo.

Desde allí, partía una avenida de esfinges que conducía al patio inferior al que se accedía a través de un pilono. En el patio se había plantado un delicado jardín del que formaban parte los célebres árboles de incienso, provenientes de la expedición al País de Punt.

Había esfinges de la reina y cuatro lagos en forma de T, con evidentes finalidades rituales, puesto que se han encontrado entre el barro seco bumerangs y restos de troncos de plantas de papiro.

El Pórtico Inferior y la Primera Terraza.

Desde el patio se accede, al fondo, a un pórtico de una parte y de otra, de la rampa de ascenso. Está sostenido por once columnas fasciculadas y, delante de ellas, por otros once pilares cuya parte anterior es plana.

Los relieves existentes en el muro sur representan el transporte de los obeliscos de Karnak así como las ceremonias de su erección. Los relieves del muro norte muestran a la reina bajo la forma de un león triunfante sobre sus enemigos nubios, beduinos, libios y asiáticos.

También representan las ofendas de cuatro terneros al dios Amon-Min, una procesión de antepasados y el ejercicio de caza ritual en los pantanos.
La balaustrada de la rampa de ascenso a la segunda terraza muestra a la reina, de nuevo bajo la apariencia de un león.

La Segunda Terraza y el Pórtico Medio.

En la parte norte, al fondo de esta terraza, se halla un segundo pórtico sujeto por quince columnas fasciculadas con dieciséis caras cada una de ellas. Bajo este pórtico desembocan cuatro nichos inacabados.

El pórtico medio está sujeto por veintidós pilares cuadrangulares. En la parte sur del muro están recogidos los relieves que representan la expedición al País de Punt , mientras los de la parte norte representan el Misterio de la Teogamia, la entronización y la coronación de Hatshepsut.

La expedición al País de Punt tenía por objeto llevar a Egipto mirra y árboles de incienso para ser plantados en los jardines del templo ya citados más arriba. Los relieves describen como el mismo dios Amón ordenó a la reina que se llevara a cabo la expedición y muestran la ciudad de Punt. Se ve que la ciudad tenía casas construidas sobre el agua en las se penetraba por medio de escalas. Están representados el Jefe de la ciudad, los habitantes, el ganado y hasta los perros. El capitán egipcio de la expedición y la tropa que le acompaña son saludados por los habitantes del Punt mientras muestran la mercancía que han llevado desde Egipto para el trueque. También se ve allí a la reina de Punt que tenía un aspecto de mujer gruesa y deforme.

Sobre el muro del fondo la flota egipcia aparejada llega al Punt y se puede ver el transporte de los árboles de incienso plantados en macetas. En el centro del muro del fondo se puede ver a la reina ofreciendo al dios Amon los frutos de su expedición, árboles de incienso, animales salvajes, ganado, electrum y arcos.

Las escenas de la Teogamia fueron diseñadas para legitimar los derechos al trono de la reina Hatshepsut. Se trataba de reivindicar el origen divino de la reina.

Se ve al dios Jenum con cabeza de carnero modelando a la niña Hatshepsut y a su Ka sobre su torno de alfarero siguiendo las instrucciones de Amón quién, bajo la forma carnal de Thutmosis II ha fecundado a la reina madre Ahmose.

Se muestra a la reina madre embarazada mientras es conducida a la sala del parto. También se incluía en la representación de la teogamia las imágenes del dios Amón y de la madre de Hatshepsut alzados sobre las manos de diosas al cielo. Hoy estos relieves están casi desaparecidos.

Una vez que el parto se produce, la diosa Hat-Hor presenta a Hatshepsut al dios Amón y los doce 'kau' del divino infante son amamantados por doce diosas. La madre de Hatshepsut es mostrada en presencia del dios Thot, de Jenum y de Heket con cabeza de rana. Finalmente el dios Amon extiende su mano para proteger a la reina, su hija.

La Capilla de Hat-Hor.

El santuario de la diosa Hat-Hor se encuentra ubicado al lado del segundo pórtico, mitad sur, en la segunda terraza. Se accedía al mismo directamente desde el exterior al recinto del templo de Hatshepsut por una rampa. El santuario comprende un vestíbulo en forma de sala hipóstila que da acceso a una segunda sala hipóstila y el santuario propiamente dicho. Los techos estaban sostenidos por columnas fasciculadas y hathóricas y por pilares.

En la primera sala hipóstila, Hat-Hor en su forma de vaca celeste amamanta a la reina. En la segunda sala se ven desfiles de fiesta y a la reina delante de diferentes divinidades. Allí se ve la coronación de la reina por Amón y la diosa Ueret-Hekau. Otras escenas muestran a la reina amamantada por la diosa y a ella misma y a Thutmosis III haciendo ofrendas a la diosa Hat-Hor.

Otras representaciones abundantes allí como en otras partes del templo son las de Sen-en-Mut.

La capilla de Anubis está situada en el extremo norte del muro y se la dio el nombre de 'Maat-Ka-Ra es duradera de provisiones en la Casa de Anubis'.

El techo azul con estrellas está sostenido por doce columnas acanaladas. Hatshepsut y Thutmosis III hacen ofrendas a los dioses Anubis, Amón y Sokar. Anubis introduce a la reina en una serie de ofrendas a las divinidades. A esta sala desembocan tres pequeños santuarios.



La segunda rampa y la Tercera Terraza.

En la balaustrada se representa a un halcón con el cuerpo de serpiente a lo largo de todo el muro. El pórtico del fondo está sostenido por veintiséis pilares osiriacos de la reina. Una puerta de granito rosa da acceso al patio interior. Este patio interior está rodeado por una doble columnata que, en tres de sus lados, tuvo cuatro hileras de columnas.

A la derecha, en la parte norte, se abre el santuario a Ra Hor-Ajty. A través de una puerta se accede a un vestíbulo con columnas en el que hay un nicho dedicado a la reina, representada aquí como una mujer de avanzada edad. Desde la puerta este se accede al patio en el que se encuentra el altar solar al que se sube por medio de nueve escalones.

En la pared norte de esta sala hay otra capilla dedicada al culto de Anubis, al que, a su vez, adoran Thutmosis I y una reina, (probablemente Ahmose). Otra pequeña interior muestra a Thutmosis I y a su madre Senseneb y a Hatshepsut y a la madre de esta, Ahmose.

Una puerta abierta desde la parte norte del fondo del patio de la tercera terraza permite penetrar en una capilla dedicada al dios Amon-Min, adorado por Thutmosis II, Hatshepsut y Thutmosis III; la presencia de esta capilla en la parte del templo dedicada al culto real expresaba el poder generador del propio soberano bajo la forma de Ka-mut-ef, 'Toro de su Madre'. Otra capilla está consagrada a Amon y su paredra Amonet. El acceso a la estancia principal se halla en la mitad este del muro sur, a partir de un vestíbulo rectangular, al oeste del cual se accede a las capillas del rey Thutmosis I y de la reina Hatshepsut.

En esta sala espléndidamente decorada, al igual que en los nichos osirianos del patio columnado se encuentra representado Sen-en-Mut, prácticamente escondido detrás de la puerta.

La capilla consagrada al culto funerario de Hatshepsut recoge en sus muros las procesiones de sacerdotes que llevan las ofrendas, se ven también porteadores de carne, de pan y otras ofrendas como vestidos, flores, ungüentos y objetos de tocador. Sobre el muro del fondo se encontraba la estatua de culto de la reina. Una estela representa a Hatshepsut en la barca solar y en el techo hay un mapa celeste que representa las constelaciones y los decanes horarios, diurnos y nocturnos.

El Santuario.

Al fondo del patio se abre la sala del santuario que concluye en forma cruciforme. La parte inicial es la original de época de Hatshepsut en tanto que al fondo se abre una sala de época ptolemaica.

La primera sala está dotada de techo abovedado y tiene una decoración simétrica. En la parte superior del muro norte Hatshepsut y Thutmosis III, los dos de rodillas, están representados haciendo ofrendas ante la barca solar, detrás está representada la princesa Neferu-Ra.

De nuevo se ve a ambos haciendo ofrendas a las estatuas de los reyes Thutmosis I y II, seguidos de las de la reina Ahmose y de la princesa Neferu-Bity , todos ellos ya difuntos cuando fueron representados en aquél lugar.

En el muro sur se repite la misma ofrenda a todos los personajes citados.
La sala interior recoge los títulos de Cleopatra y de Ptolomeo VII, Evergetes II, bajo cuyo reinado la misma fue excavada. Allí están representados Im-Hotep seguido de su madre Jeredu-Anj, su esposa Renpet-Nefert, Neith-Amonet, y Apet bajo forma de hipopótamo; Hor-Heken y la diosa buitre Hekenut.

En el muro norte, esta figurado Amen-Hotep hijo de Hapu y Hat-Hor seguido por Ptah Nefer-Hor, Apet como hipopótamo, Hor-Heken y otra diosa hipopótamo con cabeza de león.

El final del reinado de Hatshepsut.

Todo parece indicar que la reina Hatshepsut había previsto la terminación de su magnífico templo coincidiendo con el año quince de su reinado. En dicho momento, celebraría su primera fiesta Sed.

De hecho, en el templo se encuentran representaciones de la reina realizando las carreras rituales. Con tal motivo, decidió erigir igualmente dos enormes obeliscos en el templo de Amón en Karnak, construir el octavo pilono y edificar la hermosa capilla Roja que aún nos admira.

Concluidos sus monumentos y celebrada la fiesta Sed, a partir del año 17 se entra en un periodo muy oscuro para conocer más datos de la reina, periodo que, probablemente, precede a su muerte.

Su sobrino, Thutmosis III había esperado pacientemente a que el entorno de la soberana fuera cayendo. De repente, los colaboradores íntimos de esta gran mujer fueron desapareciendo.

Primero fue su querida hija Neferu-Ra, especialmente tutelada por Sen-en-Mut, quizás su propia hija, la cual había sido designada como sucesora en el difícil camino iniciado por su madre. Después sobrevino la desaparición del propio Sen-en-Mut, sospechando los investigadores que, a la vista del estado de sus monumentos, incluso habría podido caer en desgracia antes de morir.

También parece probable que la muerte de este fiel servidor precedió a la de la propia reina y que, como consecuencia de ella, el poder de la soberana comenzó a decrecer al mismo tiempo que emergía como una terrible amenaza la sombra de su sobrino Thutmosis III.

No sabemos nada de las circunstancias de la muerte de la reina. Por ello, todas la hipótesis pueden ser consideradas, ya sean estas la muerte natural, el asesinato en una revolución palaciega o por venganza de los partidarios de Thutmosis III.

Lo que sí parece cierto es que la memoria de la reina fue objeto de persecución. Nada más morir o quizás un poco antes, sus estatuas en Deir-el Bahari comenzaron a ser destruidas. Dicha persecución pudo haberse producido al final del reinado de Thutmosis III.

En todo caso, los soberanos ramésidas se encargaron de concluir la tarea iniciada ciento cincuenta años antes, borrando con saña el nombre de la graciosa soberana de cualquier monumento donde el mismo fuera hallado para, de ese modo, suprimirla de la memoria de Egipto.

Su templo de Deir-el-Bahari fue gradualmente destruido en una lenta decadencia que, no obstante, le permitió sobrevivir hasta la época ptolemaica.

Instaurado el cristianismo en Egipto, las ruinas de este esplendente monumento aún servirían para alojar habitantes y anacoretas, siendo fundado un cenobio que dio el nuevo nombre con que hoy se le conoce: 'El Convento del Norte'.

Sin embargo, nada de lo acaecido parece hoy haber sucedido realmente. Deir El Bahari vuelve a ser 'El Esplendor de los Esplendores' con el que soñó la delicada reina, el Dyeser-Dyeseru que para ella creó su amado.

De hecho, hay quien diría que, en los dorados atardeceres tebanos aún se pueden contemplar las amorosas siluetas unidas de Hatshepsut, Sen-en-Mut y Neferu-Ra, paseando por las salas y galerías de su eterno y renovado monumento, entre los pétreos y amorosos cuernos de la divina Hat-Hor que los protege por toda la eternidad.

Fuente: tendencias21.net

 







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