La casa de los arcos, la casa azul o el chalet de la piscina. No son los nombres oficiales del tipo de Villa tal o cual, pero así son como las conocen los lugareños de Cabo de Palos. Son las mejores viviendas de este punto de la costa, colgadas de los acantilados o al pie del Paseo de la Barra o de la playa de Levante. Construcciones con varias décadas a sus espaldas, edificadas por las familias pudientes de Murcia y de Cartagena que empezaron a veranear cuando ese verbo era privilegio de sólo unos pocos.

PEDRO GARCÍA RAJA Son casi reliquias que han ganado belleza con el paso del tiempo y con la llegada de los nada estilosos dúplex y plantas bajas hechas sin gracia.
Algunas se mantienen en pie con las dificultades que los fuertes
vientos que las azotan y la corrosión del mar salado provocan en sus muros que se desprenden, sus puertas de madera que se agrietan y sus bisagras
que se oxidan.
Casas con terrazas de ensueño que se abren apenas dos meses al año. El resto del tiempo se convierten en refugio de caminantes que se convierten en okupas para descansar y contemplar el mar que se abre bajo la mirada bajo sus soportales.
Cabo de Palos es un libro abierto para la arquitectura de litoral, cada vez más arrinconada por las construcciones que trepan por los acantilados en dirección hacia el faro, hacia Cala Fría o hacia el Descargador.
Fuente:
laopiniondemurcia.es