Construcción
Más producción e inversiones para atender una demanda en aumento
Las fábricas de materiales y productos están en el límite de su capacidad instalada, con un 91%, frente al promedio general de 72%, según un informe del Indec; por eso muchas empresas están invirtiendo en sus plantas. Pero a mayor producción, mayor demanda de energía: durante el primer semestre de 2006 se produjo un aumento en la demanda de 6,7% en la industria, respecto de igual período de 2005.
Las empresas trabajan al límite de su capacidad
En la industria sanitaria los hornos funcionan con gas, pero la del aluminio es la que más energía eléctrica utiliza, y algunas fuentes del sector comentan que podría haber problemas en la provisión de la materia prima. Jorge Molinero, gerente comercial y vocero de
Ferrum, explica: "Con una inversión de 25 millones de pesos podremos aumentar un 30% la capacidad instalada, para atender el aumento de la demanda del mercado interno y el comercio exterior. El próximo año estará en funcionamiento el nuevo horno para la fábrica de Pilar, y eso permitirá incorporar personal. Desde fines de 2002, pasamos de 835 a 1330 empleados, un 60% más".
Fabián Alvarez, encargado de marketing de Hydro Aluminio, fabricante de perfiles de aluminio, calcula que este año la demanda será un 35% superior a la de 2005. En la fabricación de morteros, Molinos Tarquini ya tiene un generador propio como reserva, y Klaukol, busca reemplazar la cal por otro componente que use menos energía: "Tenemos tres plantas, en Tucumán, Río Negro, y una nueva en la zona de Cuyo, lo que nos permitirá duplicar la producción. Todo esto representa una inversión de 10 millones de dólares aproximadamente, e incluye la compra de Colorín", explica Jorge Hernández, director comercial, asistencia técnica y desarrollo de Klaukol.
Todos coinciden en que la construcción crecerá nuevamente sobre el valor del PBI nacional, estimado en 8,5%; la atención está puesta en el mercado interno porque es más rentable, y el desafío es ofrecer más y mejores servicios.
Fuente: La Nacion