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20 de Agosto del 2017
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LA GRAN MURALLA, NUEVA MARAVILLA DEL MUNDO, ES EL MÁS GLORIOSO HOMENAJE DE CHINA AL INGENIO HUMANO


 



Agosto del 2007


La Gran Muralla, nueva maravilla del mundo, es el más glorioso homenaje de China al ingenio humano


La muralla fue un sistema masivo de obras de defensa a través de montañas, llanuras, desiertos, estepas, ríos y hondonadas.


En periódos de reconstrucción de la Muralla, fueron reclutados no menos de 3 millones de labriegos, peones y convictos.

Repaso por la portentosa construcción, que fue elegida por 90 millones de personas para obtener ese título.

"¡Si hay un lugar en la Tierra, señor, para asombrarse, sin duda es este!", fueron las palabras del famoso Jesualdo en 1959 al contemplar por primera vez la Gran Muralla china.

Cuando, a mediados del siglo XIX, los ingleses penetraron en China con las volutas de opio tras sus pasos, se sorprendieron al descubrir la grandiosidad de esta maravilla arquitectónica. Marco Polo no la conoció, y solo un puñado de misioneros jesuitas al final de la dinastía Ming (1368-1644) fueron sus solitarios visitantes.

Voltaire afirmó en 1756: "Nunca, desde cuando los chinos construyeron cañones, han seguido nuestro modelo militar. No contentos con fortificar sus campos de batalla, han fortificado todo el imperio".

Todavía resuenan en nuestros oídos aquellas palabras pronunciadas desde el espacio hace unas cuatro décadas por los primeros cosmonautas, que describieron la visión de lo que luego supieron era la gran muralla con estas palabras: "Es como un largo festón azul que serpentea sobre el extremo oriental del planeta".

Ríos de tinta se han vertido tratando de describir esta pieza reina de la humanidad, convertida por los mismos chinos en símbolo supremo de su nación.

De ahí el silencio con que recibieron la noticia según la cual 100 millones de habitantes de la Tierra votaron por ese monumento vivo de una cultura milenaria como la primera maravilla del mundo. No fue que la hubieran esperado desde siempre, sino que la habían leído con una era de anticipación. No era tema para disputar, como la sede de los Juegos Olímpicos de 2008 o cualquier otro puesto en la balanza de la competencia entre naciones.

Una obra misteriosa

Dígase lo que se diga de la gran muralla, incluida aquella frase de Kafka en que la describe como "el más hermoso monumento al absurdo humano", esta construcción de origen estratégico militar sigue siendo, más de 2 milenios después de iniciada, un misterio incluso para los chinos, reliquia vedada para los ojos de los comunes mortales en casi el 90 por ciento de sus 6 mil kilómetros de extensión.

El Paso conocido como Bataling, al oeste de Pekín, es apenas la punta del iceberg para mostrar a multitudes de turistas. Solo cuando uno vuela los cielos del noreste de China puede apreciar otros de sus tramos recónditos, que con su silencio retan el mismo paso del tiempo. Las sinuosidades que dibuja sobre la agreste geografía obedecen a la necesidad de esquivar los más abruptos accidentes topográficos: abismos, cumbres escarpadas, pantanos y loess.

La voluntad militar de detener a los 'bárbaros' mongoles con que se revistieron los Han hacía concesiones al abrupto terreno, pero era indeclinable en su propósito de defender las fronteras, desde el desierto de Gobi, en Mongolia, hasta las inmediaciones de Shanghai, frente al Mar del Sur de China.

Historia de la monumental construcción

La construcción de la gran muralla en su segunda y gloriosa etapa fue ante todo obra del General Meng Tian, quien en el 221 a. C. fue encargado por el emperador amarillo Qing Shihuandi de expulsar del noroeste a los nómadas Xiongnu, feroces guerreros cabalgantes, más conocidos en Occidente como los Hunos.

Derrotarlos tenía como prerrequisito la construcción de un complejo de fortificaciones amuralladas, obra al frente de la cual permaneció hasta el fin de sus días. Unió las murallas septentrionales de los reinos Yan y Zhao. Una vez muerto el emperador, se montó una conspiración contra Meng, quien fue condenado a muerte. Segundos antes de tomar la pócima letal, admitió la responsabilidad de haber cortado venas de la tierra en ese vasto espacio de 6 mil kilómetros. Esta supuesta declaración linda con la leyenda, pero hasta hoy conserva el atractivo de ser la primera referencia conocida a la geomancia, a la creencia en la cuasi divinidad de la Tierra.

Ninguna de las numerosas obras emprendidas por el primer Emperador Qing está en la historia ligada de manera tan intrínseca a su imagen como la gran muralla. Sin embargo, nada de ello habría sido posible sin la lúcida pero cruel voluntad de su principal consejero Li Si y de su propio hijo, quien tuvo que morir, por las mismas razones, junto al general Men Tian.

Li Si pertenecía, al igual que el emperador, a la escuela legista, de corte radical anticonfuciano. A ellos dos se debe uno de los más estelares hitos en la historia de China: la invención de la forma de escritura unificada, el hanzi, pero también un episodio que ha merecido a través de los tiempos la más vehemente condena de los seguidores del confucianismo: la quema de todos los libros oficiales (con excepción de las Analectas de Qing), incluidos el Libro de las odas, el Libro de Historia y las Resoluciones de las cien escuelas, que eran en esencia obras filosóficas.

Fue la respuesta de Li Si al reclamo que le hiciera un letrado al Emperador en el sentido de que no tomaba el mundo antiguo como modelo. Li Si le replicó enfurecido: "Hoy, cuando tan grandes proezas se están realizando, ustedes los intelectuales prefieren estudiar a los antiguos y subestimar el presente, sin darse cuenta de cómo con ello corrompen las mentes de la gente".

Ejemplo de voluntad y perseverancia

Si hoy, al escalar ese corto tramo de Bataling, al oeste de Pekín, sinuosa avenida construida en piedra y ladrillos, se nos acaba la respiración, ¡cuán extenuante no sería para sus constructores en esos tiempos transportar ladrillos que pesaban más de diez kilos, y losas de piedra de cientos de kilos! La realización de esta obra la pagaron con sudor y sangre. Dados los escasos recursos técnicos de la época, ella constituye, ante todo, un testimonio de voluntad y perseverancia.

Existe la percepción en Occidente de que la gran muralla fue obra exclusiva de un mandatario, el Emperador Qing. Es cierto que este dedicó gran parte de su reinado a esta monumental tarea, juntando incluso tramos de muralla anteriores a su período. Pero las secciones más extensas del prodigio arquitectónico se deben a varios soberanos de la dinastía Ming, que la prolongaron hacia el sur, a lo largo de las montañas Yinshan.

Desde la meseta mongola hasta la llanura del norte de China y desde el noroeste hasta el suroeste, el terreno desciende a manera de peldaños de escalera. La segunda etapa, perteneciente a la dinastía Qing, es algo así como el primer peldaño; la pared exterior construida durante la Ming sería el segundo, mientras que la muralla interior constituiría el tercero, construidos en su mayoría con ladrillo y piedra.

A 4 emperadores Ming, en un período comprendido entre 1368 y 1486, les correspondió culminar la primera tarea iniciada antes del Emperador Amarillo, en 359 a. C, según lo registra el Zhushu Jinian, libro de crónicas escrito sobre bambú. Las obras requirieron un total de 170 años.

El Emperador Qing empleó un ejército de 300 mil hombres, a los cuales se agregaron, en el transcurso de 10 años de construcciones, 500 campesinos forzados. En posteriores períodos de reconstrucción de tramos de la Muralla, fueron reclutados no menos de 3 millones de labriegos, peones y convictos. Durante las dinastías Qing y Han los condenados por crímenes tenían que pagar sus penas trabajando en la muralla.

Ejército y ciencia en la construcción

Esta obra total, a cuyo objetivo militar diversos generales e ingenieros agregaron hermosas torres externas, sería inconcebible sin una serie de métodos científicos de supervisión y organización de la construcción, que fueron asignados a diversas zonas militares. Se concentraron grandes fuerzas para enfrentar algunas partes. La dinastía Ming confió la construcción a los generales que comandaban 9 ciudades estratégicas.

Tierra, piedra, madera y baldosa fueron los principales materiales para construir la muralla anterior a los Ming; el ladrillo fue utilizados solamente en períodos posteriores. El uso de materiales locales fue la regla seguida a través de centurias. Se extrajeron piedras para construir tramos en las altas montañas, los muros en bahareque se erigieron en zonas planas o sobre terrenos de loess; los trayectos en el desierto del Gobi fueron levantados de manera alternada con capas de arena y guijarros, ramas y juncos de tamarisco; los tramos en Liaodong, al noreste, se construyeron con tablas de roble, pino y abetos.

Los ladrillos y baldosas se fabricaban con cal quemada en hornos levantados en el mismo lugar. Cuando no había bosques cerca, la madera se trasladaba desde lejos. Se designaron secciones especialmente encargadas de la administración de hornos y canteras. Se utilizó la espalda humana para trasladar materiales en los tradicionales balancines, carretillas, burros originarios de Occidente y cadenas de millares de hombres para no chocar en estrechos pasos montañosos.

Rocas con pesos por encima de los 50 kilos eran trasladadas utilizando varas de madera, tornos y poleas de alturas ilimitadas. Dos métodos se usaron para el trabajo con ladrillo. Los topes de muralla con una inclinación leve se cubrieron colocándolos de manera sesgada. Si la inclinación sobrepasaba los 45 grados, eran alineados en forma de escalera. Una parte en piedra se construyó en forma de doble escalera. La inclinación fue minimizada intercalando pequeños y grandes peldaños, de uno y tres metros respectivamente.

La Muralla fue un sistema masivo de obras de defensa a través de montañas, llanuras, desiertos, estepas, ríos y hondonadas. En vista de tan complejas condiciones topográficas, sus constructores adquirieron una rica experiencia. Sacaron ventaja del terreno para construir muros, fortalezas, almenares, en puntos cruciales de interceptación del enemigo.

Todas las fortificaciones a lo largo de la Gran Muralla se localizaron ya fuera en estrechos pasos entre dos montañas, en abruptos extremos de los ríos o en cruces de caminos. Estos puntos de importancia estratégica permitieron economía de trabajo y materiales.

Los bordes mismos de las montañas constituían una barrera natural, y cuando se alineaban con un pedazo de muralla, podían servir mucho mejor como obra defensiva. Empinadas y enormes rocas sobre los bordes se aprovechaban para ahorrar ladrillo y lajas de piedra. Se construyó 'con la naturaleza a su favor'. Algunas partes semejan precipicios desde el lado externo, pero se ven normales desde dentro.

El dragón cuya leyenda trazó el curso de la muralla tenía como 'compañeros' de carne y sangre a ingenieros y arquitectos. Sus primeros diseños fueron dictados de modo absoluto por requerimientos militares, pero esto no fue obstáculo para que le imprimieran a la muralla un sello de belleza.

Crearon los más diversos estilos en torres y puertas de hermosas proporciones y a menudo las revistieron con decorados artísticos. El orgullo de los constructores quedó impreso en las inscripciones que ellos mismos hicieron en las piedras, anotando fechas de conclusión de cada parte.

La Gran Muralla es el más glorioso homenaje de China al ingenio humano.



Fuente: eltiempo.com

 







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