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22 de Noviembre del 2017
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CONVOCATORIA A UN CONCURSO PARA REMODELAR EL EDIFICIO DIEGO PORTALES


 



Agosto del 2007


PROYECTO ARQUITECTÓNICO. ¿Otro centro cultural deficitario?:
Reconstruyendo desde las cenizas el "DIEGO PORTALES"


ALLENDE EN EL CASINO
En el interior originalmente se encontraba un casino en el que almorzaban estudiantes y artistas como Nemesio Antúnez.


A TODA PRISA
El apretado plazo de trabajo obligó a construir simultáneamente el techo y la planta del edificio. Con la colaboración de 3.700 personas la obra fue finalizada en 10 meses.


CURIOSIDAD
Antes del siniestro, el Instituto Río Colorado había pensado demoler la mitad del edificio para una intervención arquitectónica. Una costosa idea que el incendio abarató.

El gobierno anunció la convocatoria a un concurso para remodelar el edificio Diego Portales, retomando el proyecto original de Allende de desarrollar allí, tras la Unctad, el "Centro Cultural Gabriela Mistral". Cinco arquitectos enjuician el edificio y hablan de las soluciones.

JAVIER ROJAHELIS

La destrucción no siempre es pérdida. En algunos casos también puede ser "la" oportunidad para reescribir de mejor modo una historia o bien para construir, sobre los escombros, una nueva realidad. Esto es lo que pasó en alguna medida en la Europa de posguerra, cuando las ciudades bombardeadas y vaciadas de una buena parte de sus construcciones se convirtieron en terreno fértil para que la arquitectura de vanguardia expusiera y levantara sus obras. Guardando las proporciones, podría decirse que el edificio Diego Portales también se ha convertido, luego de su incendio, en terreno para la experimentación arquitectónica. Sobre todo a la luz de la convocatoria internacional que acaba de hacer el Gobierno chileno para su remodelación y para su reconversión como Centro Cultural Gabriela Mistral (como era su nombre y proyecto originario).

El portaaviones

Apodado irónicamente por la gente como "el portaaviones", el edificio que Allende mandó a erigir para albergar la Conferencia Mundial de Comercio y Desarrollo (Unctad), de 1972, fue un hito de velocidad constructiva (partió a fines de abril de 1971 y demoró 10 meses en ser terminado). La obra, que se instaló junto a una torre que se había proyectado como extensión norte de la Remodelación San Borja, fue elaborada simultáneamente en su planta y en su techo. José Covacevic, uno de los arquitectos de la obra, recuerda: "El tiempo fue muy escaso y había que cumplir las fechas sí o sí. Tuvimos condiciones de trabajo excepcionales que nos permitieron hacer los planos necesarios, constituirnos en obra y trabajar ahí en el medio de la vorágine. Después el edificio cumplió muy exitosamente la función de acoger a un público masivo. Cuando se empezó a adaptar el edificio para su reconversión como Centro Cultural Gabriela Mistral, el proceso quedó interrumpido prematuramente. De esa tarea alcanzamos a dejar unos estudios, una normativa y hablamos con una serie de expertos en manifestaciones artísticas para adecuar las salas, pero eso no se hizo".

El paréntesis vino con la caída del gobierno de la UP, la llegada de la Junta Militar al poder y la ocupación de las instalaciones del edificio por Defensa. Así comenzó su segunda época bajo el nombre de Diego Portales.

Covacevic hace un análisis del devenir del edificio más allá del incendio que está motivando su rehabilitación: "Han pasado 35 años. Ha tenido un fuerte deterioro por la falta de mantención... jamás una mano de pintura, una 'manito de gato'. A ese estado de abandono se sumó que se convirtiera en un edificio súper protegido con unas rejas espantosas que nunca estuvieron en su expresión original... dejó de ser un edificio amable, que recibiera a la gente, que se abriera a la gente, más bien apagado, oscuro, hosco".

Sin embargo, los cuestionamientos al edificio siempre han existido, desde quienes lo califican de feo hasta los que hablan de problemas de escala (ver las opiniones de los arquitectos en recuadros). Frente a esto Covacevic defiende: "Cuando la gente camina por la Alameda, la masa del edificio no es ni en su altura ni en sus longitudes muy diferente de la Casa Central de la Católica u otros edificios importantes... usted sabe que la Alameda tiene esa condición de fachada continua, o sea los edificios no tienen antejardín ni están separados, van uno con otro armando las manzanas... si se observan las manzanas que están a la altura de Mac Iver, de Bandera, del edificio del Banco del Estado... ¿son agresivos o no son agresivos? La verdad es que las masas al borde de la vereda si usted las mide son a escalas probablemente muy superiores a la escala humana, pero todo depende de si aparecen puertas o aparecen escaleras o que la gente entre, suba y salga. Afortunadamente, en torno al edificio hay potenciales espacios libres; por ejemplo, hacia la calle Namur o Villavicencio, que hay que limpiarlos de las trabas que actualmente tienen".

Planes de remodelación

Cabe decir que la destrucción del incendio no fue la condición ineludible para que alguien se interesara en corregir o en modificar la placa del Diego Portales. Ya en 1998 el Instituto Río Colorado, liderado por el arquitecto Ramón Delpiano, había proyectado una remodelación que implicaba demoler casi la mitad del edificio y cuya dificultad era justamente el alto costo de esa demolición (problema que se resolvió con el incendio). "La propuesta nuestra era abrir la Alameda hacia el barrio histórico que constituyen las calles Lastarria, Villavicencio y Rosal hasta llegar a Merced", cuenta el propio Delpiano. "De ahí surgió la conveniencia de despejar el sector, para dar una salida ceremonial de este sector cultural hacia la Alameda y, segundo, mejorar la situación de recepción que tiene actualmente el edificio mismo que, por ejemplo, sólo cubre eventos poniendo verdaderas balizas hacia la Alameda, lo que es una forma muy ingrata de acceder a un edificio de importancia. La idea era mantener el costado oriente como una plaza y juntar eso con el sector que se siniestró". El proyecto, luego del desastre, se supone que estuvo en manos de la ministra Blanlot y también de la Presidencia, sin resultados. Delpiano atribuye las vacilaciones en torno a su proyecto al hecho de que el edificio "por su presencia y su historia es muy conflictivo desde el punto de vista político".

Después del incendio, la remodelación del Diego Portales se convirtió en una especie de proyecto fetiche dentro de las carreras universitarias de arquitectura. Mientras tanto el Gobierno, recién después de 7 meses de ocurrido el siniestro, constituía una comisión interministerial (con Bienes Nacionales, Vivienda, Defensa y Cultura) con el fin de resolver qué se haría con el edificio.

El plan de la U. de Chile

Al día siguiente del anuncio del concurso arquitectónico, las autoridades de la U. de Chile dieron a conocer que se encontraban trabajando en un proyecto en torno al Diego Portales y su entorno. Uno de sus artífices, el arquitecto Juan Lund, cuenta que las facultades de Economía y Arquitectura venían trabajando desde el mes de abril: "Nosotros tuvimos una conversación preliminar con el comité interministerial a cargo de la licitación, el 25 de abril para ser exacto. Expusimos en forma básica este proyecto y en ese momento fue considerado como absolutamente congruente con las ideas que estaba manejando el comité y se nos pidió que elaboráramos una propuesta más estructurada. Podría decirse que el desarrollo de nuestra propuesta fue una solicitud del comité interministerial e incluso nos dijeron que lo que elaboráramos tenía que tener una autosustentabilidad económica. Después que elaboramos nuestro plan y quisimos presentárselo al comité interministerial se nos dijo que se había optado por entregar este edificio al Consejo de la Cultura y que se iba a convocar a un concurso internacional de arquitectura. Nosotros pensamos que un edificio como éste es un hardware de alta calidad, un equipamiento enorme donde lo importante es que haya el software necesario para hacerlo funcionar (en este caso una buena gestión cultural para la nueva función del edificio) y la verdad es que, modestia aparte, podemos decir que la U. de Chile es la única institución que tiene los contenidos culturales como para llenar este edificio. Los cuerpos artísticos, la Orquesta Sinfónica, el Ballet Nacional, el coro, están en condiciones de garantizar un uso intensivo del teatro. También proponemos la instalación del Museo de Arte Contemporáneo ahí. No nos cabe duda de que este es el software que se necesita para animar este centro de arte y cultura. Y tenemos la terrible duda de qué es lo que va a pasar cuando se construya este centro cultural, cuando todavía no se han definido cuáles son sus contenidos".

Lund fundamenta sus temores: "El edificio que se remodeló en la plaza Sotomayor de Valparaíso para el Consejo de la Cultura, a un costo de 2 mil quinientos millones de pesos, se supone que era para el Ministerio de la Cultura, pero resulta que éste sigue funcionando en Santiago, en San Camilo. Y del Centro Cultural Palacio La Moneda hay opiniones encontradas sobre cuál es su real aporte a la actividad cultural en este momento. Entonces, seguir generando estas grandes operaciones de hardware cuando no está el software es lo que nos preocupa".

Urrutia pide "nobleza"

Ante la consulta, la ministra Paulina Urrutia niega que el edificio quede en manos del Consejo de la Cultura: "Comprenderá que la mayoría de la infraestructura cultural, por no decir la totalidad, a excepción de los museos que tiene la administración pública a través de la Dibam, está en manos de administración privada". Además cuenta que, junto con el concurso arquitectónico, se encomendará un estudio a un equipo de gestión cultural para determinar cuál será el tipo de administración que permitiría gestionar eficientemente el centro cultural. La conclusión de dicho equipo debiera estar al mismo tiempo que el proyecto arquitectónico ganador. "El proyecto de la U. de Chile nosotros lo conocimos y se estudiará en la medida que se presente como cualquier otro proyecto al concurso", asegura la ministra y agrega que el tema de la gestión planteada por la Chile se analizará a la luz del estudio de los gestores culturales.

A su vez, desestima los temores que nacen de las críticas que se han hecho al desempeño del Centro Cultural del Palacio La Moneda, a las que califica de críticas mediáticas. Reconoce la nobleza de las intenciones de la U. de Chile en el sentido de que quieran tener en un solo espacio sus grandes elencos estables, pero agrega: "también es digno de análisis cuál es la gestión que ellos mismos están planteando...(y revisar su experiencia) respecto al teatro Oriente, que era administrado por la U de Chile, o al teatro Baquedano, por ejemplo. Yo pediría que fuéramos nobles respecto a un proyecto que significa tanto para este país".

Mathías Klotz: "Desgraciadamente llegaron los bomberos"

Lo positivo: Es una arquitectura que tiene pocas cosas interesantes, la materialidad de la estructura es interesante... como el uso de acero "corten", al que se le forma una capa café de óxido que protege al acero, con lo que se evita que se siga oxidando. Pero nada más.

Lo negativo: Se inserta muy mal en el barrio. Aparece de modo chocante con estos grandes volúmenes opacos en chapas de acero pintadas. En el período del gobierno militar se empeoró más el edificio al enrejarlo, con lo que su relación con el barrio pasó a ser de desconexión. Rompe la continuidad de la fachada. Creo que la Alameda siempre estuvo muerta en la manzana que ocupa el edificio.

La solución: Lamento que en el incendio no se haya quemado completo... desgraciadamente llegaron los bomberos. Me parece un error tratar de recomponer haciendo cualquier cosa, cuando creo que lo que hay que hacer es echar todo abajo. Y darle continuidad al cerro Santa Lucía y que, de alguna manera, chorreara por ahí en un espacio público en el que podría incluirse la torre. Volver a construir esta especie de ataúd tendido en la Alameda me parece un error. Si yo hiciera un proyecto, no plantearía recomponer la volumetría de la placa, sino que sacaría todo lo que hay, dejando únicamente la torre.

Hay que aprovechar el vacío que quedó y realmente transformarlo para una ciudad que necesita más espacios abiertos. No necesitamos otro centro cultural más, tenemos varios ya en la comuna. No hay ninguna gran plaza pública que mire a la Alameda. Esto podría ser un buen desahogo para el barrio. Podría establecerse un anillo que conecte a este espacio con el cerro Santa Lucía y el Parque Forestal. Yo terminaría de extirpar ese tumor que se metió en mitad de la Alameda.

Martín Hurtado: "Es un edificio desubicado en su contexto"

Lo negativo: El edificio original tiene un problema de escala de barrio. El barrio tenía una escala y un tamaño que conformaba un tipo de calle, de perfil, y que este edificio vino a romper de modo brutal. La placa con la escala monumental se planteó encima de la calle y rompió la escala que planteaban a su alrededor otros edificios como la Casa Central de la Universidad Católica.

Yo creo que responde mucho a la arquitectura de la época en que fue construido, que planteaba una utopía de ciudad que se basa en el Team Ten, el movimiento inglés que planteaba una serie de grandes megaestructuras que iban a soportar un nuevo de tipo ciudad.

La solución: Una megaestructura quedaría bien en una explanada de otras dimensiones... por ejemplo en el parque O'Higgins, en lugares donde tienes perspectiva para apreciar eso de una cierta distancia. Al no tener eso, cuando uno pasa frente al edificio, uno ve estos tremendos elementos que no tienen una escala menor que a uno lo acoja. Es un edificio desubicado en su contexto y eso lamentablemente no tiene mucho asunto... yo creo que si hay algún trabajo que hacer es reescalar el edificio.

También sería interesante recuperar la relación del edificio con la estación de metro que tiene abajo. Recoger las fuerzas existentes en el lugar e integrarlas al proyecto. Creo que esta es la oportunidad de devolver el edificio al barrio. Hay ejemplos muy buenos de edificios recuperados como el Tate Modern, que era una estructura antigua de una empresa de generación eléctrica que se convirtió en galería de arte, y que sin perder su escala monumental la incorporaron al barrio de una manera efectiva.

Christian De Groote: "demolería el edificio entero"

Lo positivo: Nada.

Lo negativo: Rompe la continuidad de la Alameda. Está en un ángulo extrañísimo respecto de las calzadas de la Alameda. En el extremo sur poniente prácticamente no hay vereda, el voladizo llega casi a la solera y además es un edificio que, como no tiene nada en el primer piso, no tiene un programa urbano, es ciego con respecto a la ciudad. Y ocupa una longitud tan grande que le hace daño a esta avenida que supuestamente tiene árboles, con veredas anchas y con vida urbana de tiendas y cosas por el estilo.

Además, se dejan dos espacios abiertos, por un lado un estacionamiento y por el otro la entrada al metro... es como una dentadura a la que le faltan dos muelas. No es una fachada continua como debiera ser la Alameda en todo su desarrollo.

El edificio es de una construcción bastante precaria, de bastante mala calidad, en sus terminaciones, sus revestimientos (como los de ladrillo)... no tiene ninguna nobleza. Por ejemplo, los revestimientos de la sala eran de fierro galvanizado prepintado... una cosa que no corresponde a un edificio público.

La solución: Mi conclusión es bastante drástica... haría de tripas corazón y demolería el edificio entero. No estoy hablando de la torre, sino del edificio placa... lo demolería. La parte de la estructura de la cubierta (el techo) que quedó sana del incendio es una estructura que se puede reciclar y llevar a un campus universitario y usarla para una piscina cubierta, un estadio, una cancha de tenis, etc. Yo haría un edificio que fuera continuo y que tomara la altura de la Casa Central de la Católica y que produjera un diálogo con ella. También ensancharía la vereda y le daría más actividad... que no sea un pasadizo, como ahora, que en la noche se convierte en un lugar donde mean y hacen caca. Hacia Villavicencio construiría edificios contemporáneos, llenaría la calle de nuevo con la altura de fachada que tienen los edificios de ese sector. Y a la torre le haría un patio central importante.

Cristián Boza: "Es una gran plataforma lineal, de suyo fea"

Lo positivo: Fue un edificio notable que se construyó en 242 días con la convocatoria a 3 o 4 oficinas de arquitectura que levantaron un edificio paradigmático, emblemático, que simbolizara la capacidad de realización que tenía el gobierno de Allende. Es simple, funcional, resuelve bien el tema de las salas de audiencia y de actos que proponía el programa. Tenía una torre de oficinas muy eficiente.

Lo negativo: Creo que el edificio no es interesante ni atractivo como resolución arquitectónica. Es una gran plataforma lineal, fea, casi efímera e improvisada, producto de la rapidez.

La solución: Hacer un edificio absolutamente contemporáneo. Haría algo en la línea de Herzog y Meuron (arquitectos del Tate Modern y que actualmente construyen el estadio Olímpico de Beijing). Creo que en este momento la arquitectura tiende a "genializar" este tipo de instancias, léase la extensión del museo Reina Sofía, léase el Guggenheim de Frank Gehry en Bilbao, etc. Yo, por mi parte, entraré a la convocatoria. Ahora estoy dedicado al Museo de la Memoria de Quinta Normal, cuando termine ese tema pasaré a pensar el problema del Centro Cultural Gabriela Mistral.

Jorge Swinburn: "Podría tener más transparencia hacia la Alameda"

Lo positivo: El edificio original estaba bien hecho, las salas eran buenas, tenía un acceso bonito, las terminaciones eran buenas, con puertas de valiosa factura.

Lo negativo: Siempre lo he encontrado un poco fuera de escala, sobre todo la fachada sur, a la que nunca le da el sol. Se nota que lo hicieron apurados. Siempre que paso por ahí me da la impresión de estar como frente a una máquina. Tiene una escala alejada de la humana. Es demasiado opaco, demasiado neutro, tristón y tan largo... Claro, La Moneda es más larga que eso, pero tiene ventanas, detalles.

La solución: Podría tener más transparencias hacia la Alameda, que la gente pueda asomarse desde el edificio a la Alameda. Eso es difícil si se piensa instalar ahí un auditórium. Yo creo que no debiera haber ahí salas monstruosas para juntar muchedumbres, sino que un museo más abierto, que cuando se prenda se vea iluminado y se vea la gente... que se vea más humano. Si se implementa un teatro, pensaría en ubicarlo atrás o hacia abajo. Haría algo más abierto, luminoso, más transparente. Por ejemplo, Jean Nouvel ha hecho edificios y museos públicos que son así, más livianos

Fuente: elmercurio.com

 







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