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14 de Diciembre del 2017
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AMPLIACIÓN DEL MUSEO DE ARTE DE AKRON POR COOP HIMMELB


 



Agosto del 2007


Diálogo de opuestos en Ohio

Las llantas son para Akron lo que los zapatos para León; la cajeta para Celaya o las fresas para Irapuato. El progreso y la modernidad llegaron a esa localidad estadounidense, en Ohio, con pisada de radial de acero y caucho vulcanizado.


Ampliación del Museo de Arte de Akron, por Coop Himmelb(l)au.

Pero la cuna de las llanteras Goodyear, General y B.F Goodrich, que apenas en el Siglo XIX era una pequeña aldea de unos 3 mil 500 habitantes, tiene ahora un motivo más para atraer la atención: la vanguardista ampliación de su Museo de Arte, obra del despacho austriaco de curiosa grafía Coop Himmelb(l)au.

Como pareciera ser la tónica dominante en las ampliaciones de museos recién inauguradas y reseñadas en El Cubo hace apenas un mes (Nelson Atkins, en Kansas City y Royal Ontario Museum, en Canadá), una construcción de estética vanguardista abraza a un edificio de fisonomía antigua en una relación más o menos tensa de opuestos.

En el caso que nos ocupa, la extensión para el Museo de Arte de Akron ha añadido a la institución, fundada modestamente en 1922 como Instituto de Arte de Akron y transformada en museo apenas en 1980, 6 mil metros cuadrados de superficie (el triple de la original), tras un proyecto de construcción que demandó 20 millones de dólares y un lustro de trabajos de planeación y construcción.

Son cifras relativamente modestas para la envergadura de los proyectos arquitectónicos de hoy en día, pero el despacho arquitectónico dirigido por Wolf D. Prix y Helmut Swiczinsky se las arregló para ganar expresividad y vistosidad en la creación de este nuevo símbolo urbano para Akron.

La criatura de líneas angulosas y superficies acristaladas y metálicas de Coop Himmelb(l)au, convive ahora la austeridad de ladrillo rojo del edificio John S. y James L. Knight, un espécimen de arquitectura del Siglo XIX originalmente concebido como oficina postal y que tras una adaptación, acogió al Museo de Arte de Akron desde 1981.

El edificio original estará destinado a la parte del acervo del museo que abarca de 1850 a 1950 (con impresionistas americanos como Childe Hassam, Frederick Frieseke y Frank Duveneck), en tanto que el anexo acogerá la colección de arte contemporáneo y fotografía, con obras de Andy Warhol, Chuck Close y Donald Judd, entre otros.

No sólo vitrina

Wolf D. Prix y Helmut Swiczinsky, creadores de proyectos como el Museo de las Confluencias (Lyon, Francia); el Banco Central Europeo (Francfort, Alemania) y la Academia de Bellas Artes de Munich, tienen una visión novedosa de lo que deben ser los museos.

“El museo de hoy ya no se concibe solamente como una institución para guardar y mostrar el conocimiento, es un concepto urbano”, afirman los arquitectos austriacos. “El museo del futuro es una señal tridimensional en la ciudad, que exhibe el contenido de nuestro mundo visual. Los museos ya no sólo muestran diversas formas de información visual análoga y digital, sino que también responden a experiencias urbanas.

Esto significa que el arte deberá ser capaz de fluir fuera del edificio y la ciudad debería ser capaz de fluir hacia adentro. Esta zona se vuelve un espacio híbrido donde diversos tipos de gente pueden encontrarse y hacer que ocurran sucesos inesperados”.

En lugar de que simplemente se vaya al museo a ver arte, los visitantes son animados a participar en el discurso artístico, acudir a festivales de arte o música, o simplemente pasar el tiempo hasta la hora de una cita. “Nuestro diseño es tanto un conector urbano como un punto de destino, afirman los arquitectos.

Los componentes

El edificio anexo del Museo de Arte de Akron se conforma de tres partes: el Cristal, la Galería y el Toldo. El Cristal sirve como entrada principal y ejerce la función de orientación y conexión entre el viejo edificio y el nuevo.

Es un espacio amplio y flexible que puede ser también utilizado para banquetes, festivales artísticos y eventos de terceros. La idea tradicional de un salón de banquetes como un espacio aislado y cerrado, es transformada aquí en una experiencia pública y visible.

La energía necesaria para la iluminación y el aire acondicionado se minimiza por una estratégica concentración de masas del edificio y una intensiva iluminación natural. La masa y localización de la Galería y el Toldo protegen al Cristal, que se orienta al sur, de la luz directa del sol. Al mismo tiempo, la reflectividad de los materiales de la fachada elevan los niveles naturales de iluminación, reduciendo la necesidad de fuentes de iluminación artificial.

El Cristal utiliza zonas de microclima como concepto de calefacción y enfriamiento. Esas zonas diferentes son determinadas al analizar y anticipar el volumen de ocupación en las diversas áreas del edificio, acondicionando el clima a través de medios pasivos y activos sólo en la zona en donde se concentra la gente y no en todo el volumen de aire, reduciendo de esta forma los costos energéticos.

La estrategia de uso racional de la energía contempla también un “radiador” encasquetado en el suelo del anexo. Una red de tubos metálicos conduce agua fría o caliente, según el clima, para acondicionar el ambiente de forma más eficiente que los sistemas centrados en las corrientes de aire.

Arte escondido

En una decisión que no le hizo mucha gracia al crítico de arquitectura de The New York Times, Nicolai Ouroussoff, la luz natural fue exiliada por completo del interior de la Galería, a fin de mantener un control estricto de la iluminación y eliminar el riesgo de daños en las obras de arte debido a la luz solar.

“Quién sabe por qué se trabajó de esta forma. Miedo, posiblemente”, comenta el periodista neoyorkino. “La noción de que la arquitectura ostentosa avasalla al arte se ha convertido en uno de los más aferrados clichés del mundo de los museos y en décadas recientes, los curadores y conservadores han estado sonando la alarma de que la luz excesiva destruye el arte”.

Sí que es llamativa esa cualidad en el museo de Akron, sobre todo cuando está tan reciente la inauguración de una obra muy similar, la expansión del Museo de Arte Nelson Atkins, en Kansas City, donde el arquitecto Steven Holl optó por lo contrario: hacer que la luz exterior pase a las galerías a través de generosos muros de cristal que se intercalan con las superficies de concreto.

El Toldo, un imponente voladizo metálico que sobrevuela todo el edificio, crea una envoltura difusa para el museo debido a su masa impoluta. El fino enrejado de su interior funciona como una gigantesca persiana aérea, que proporciona sombra a los espacios exteriores del recinto y se conforma como un distintivo monumental para la ciudad.

Fuente: am.com.mx

 







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