La arquitectura reúne pasado y futuro bajo un mismo techo. No existe imagen del porvenir sin una escenografía arquitectónica. No hay vestigio del pasado cultural que no lleve su huella. Pero la arquitectura también se nutre de cada utopía y de cada pedazo de la historia, como afirmación o como negación.En estos días, en Londres, se están exponiendo dibujos y fotos de las visiones urbanas de los últimos 50 años. De Archigram hasta Zaha Hadid, se muestra la cara del futuro que más sedujo en cada época. El futuro es lo que inspiró a Steven Holl en su conjunto de viviendas en Beijing. Su obra conjuga la sobreactuación formal de la
arquitectura modelo siglo XXI con algunas intenciones al estilo Team XX (como el nivel social que enhebra los edificios). Un poco de futuro, un poco de historia... algo que sabe hacer bien Holl.
Por otro lado, la obra de Edgardo Minond en el Uruguay nos habla de un presente distinto, de algo que puede ser futuro o irremediable pasado: el paisaje natural. Su casa El Cerro se funde en su entorno, es piedra y es sierra, es mirador y es paisaje. Cuando las réplicas de las torres de Holl llenen China o se repitan hasta cubrir Buenos Aires, la casa de Minond nos seguirá hablando de la Tierra.
La arquitectura tiende puentes en el tiempo. Eso lo sabía bien Odilia Suárez, arquitecta y urbanista que nos dejó para siempre el viernes pasado. Ferviente luchadora de los postulados del urbanismo y la arquitectura modernas, su legado es más que las obras que no llegó a concretar o los planes urbanos que se ejecutaron a medias. Hay una red invisible que une a Odilia con la mejor arquitectura de los 70, con los concursos que la vieron infinidad de veces participar como jurado por los participantes. Odilia defendió el futuro para construir el presente. Hizo arquitectura.
Fuente: Diario Clarín