Dificil profesión la de arquitecto. Demasiadas variables y demasiadas expectativas. Pero a la vez: enorme cantidad de posibilidades. Cuestiones funcionales, constructivas, inmobiliarias, económicas, semánticas, simbólicas, sintácticas, estéticas y hasta sociales tienen un costado arquitectónico. ¿Cuál es el papel del arquitecto? Balancear todas esas posibilidades...y saber cuándo y dónde perder el equilibrio.
El arquitecto Rodolfo Livingston nos dice que no hemos sido suficientemente funcionales y sociales en el diseño de dos sedes para el CAPBA. Los ganadores de esos dos proyecto, seguramente, pusieron lo mejor para resolver todo eso, pero se fijaron un objetivo extra, quisieron aportar algo más: ese soplo de vida que convierte una construcción cualquiera en arquitectura con mayúsculas.
Hampton y Rivoira nos da una pista de los caminos a seguir. En la página 4, el conjunto de viviendas que desarrollaron junto al Paseo Alcorta y las vías del ferrocarril muestra como eludir la monotonía y aportar una visión fresca para un género poco explotado. Ahí estamos los arquitectos balanceando variables, dando una lección de escala, diversidad formal, variedad de posibilidades inmobiliarias y de criteriosas maneras de jugar con las texturas y los materiales.
El concurso para el Centro Cívico de Paraná ofrece una visión fiable del estado de la profesión, de lo que podemos los arquitectos. Tres proyectos muestran igual cantidad de alternativas para edificar una imagen institucional, establecer un contacto respetuoso con el edificio existente y aportar cualidades urbanas y sociales a la ciudad y al barrio. Otra vez balance de posibilidades.
Por último, en la página 8, Rem Koolhaas nos dice cuando y donde perder el equilibrio. Dichosa profesión la de arquitecto.