México
Durante muchos años simplemente se demolieron las casas antiguas para dar lugar a edificios nuevos para vivienda o comercio.
El desarrollo inmobiliario en México ha seguido principalmente dos caminos frente al problema de la construcción en zonas históricas. Estas dos vías (con sus puntos intermedios) son: demolición versus conservación.Durante muchos años simplemente se demolieron las casas antiguas para dar lugar a edificios nuevos para vivienda o comercio. En los últimos años los constructores y el público en general han tomado mayor conciencia de la necesidad de conservación de los restos físicos de sociedades anteriores. El dilema, sin embargo, aún está muy lejos de quedar resuelto. Citando al arquitecto Rómulo García, toda construcción nueva, al enfrentarse a lo preexistente, tiende a “negar: sacrificar el pasado por el presente, o sacrificar el presente por el pasado”.
Es imposible convertir en museo todo edificio antiguo, las construcciones históricas deben ser capaces de “ganarse la vida”, sin causar ningún costo a la sociedad. Los arquitectos y arqueólogos pueden cooperar para encontrar soluciones creativas y alcanzar los beneficios de la integración de estos espacios con los contemporáneos.
Hay dos tipologías contemporáneas que recuperan de manera excelente las ventajas de los espacios de fábricas abandonadas. Una de ellas es la recuperación de éstas para centros comerciales, el ejemplo más claro en la Ciudad de México son las antiguas fábricas de papel del sur de la ciudad, hoy reconvertidas exitosamente. Otra tipología que recupera con gran creatividad construcciones también decimonónicas es sin duda la restauración y ampliación de las antiguas mansiones porfirianas de la colonia Roma (por citar alguna), para su uso como galerías de arte o centros culturales. Evidentemente existen leyes, pero considero más importante adoptar una filosofía de integración de los intereses contemporáneos con la necesidad de reconocimiento del pasado. Me parece la única vía para alcanzar la madurez cultural que requiere nuestra arquitectura.
Fuente: Milenio